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Investigación técnica
Un portal dedicado al estudio del vitrificado y esmaltado artesanal —la fusión de óxidos de sílice a altas temperaturas— aplicado a tinajas, cuencos y recipientes de almacenamiento de líquidos. Analizamos la resistencia del revestimiento mineral frente a la acidez del vino y la historia de los alfares medievales.
Cómo los alfareros medievales lograban tonos azules intensos sin termómetros ni tablas de fusión, usando minerales locales y hornos de leña.
Leer el artículo →El delicado equilibrio entre temperatura, duración y atmósfera reductora en los hornos tradicionales que permitían la vitrificación de grandes tinajas.
Leer el artículo →Cómo el revestimiento vítreo protegía el vino de la acidez y la contaminación, creando una barrera impermeable y químicamente inerte.
Leer el artículo →Accede al estudio completo con análisis de óxidos, curvas de cocción y pruebas de resistencia química sobre réplicas de esmaltes históricos.
Leer el primer artículoRespuestas claras sobre el esmaltado cerámico, la vitrificación y la conservación de vasijas antiguas.
En la práctica, ambos términos se usan como sinónimos. Técnicamente, el esmalte es una capa vítrea que se funde sobre la arcilla a alta temperatura, mientras que el vidriado puede incluir componentes más complejos. En nuestro contexto, nos referimos al recubrimiento mineral que vitrifica la superficie de la vasija para hacerla impermeable.
La mayoría de los esmaltes históricos para tinajas de vino requerían temperaturas entre 1100 °C y 1250 °C. A partir de 1200 °C, los óxidos de sílice y fundentes como el plomo o la sosa se fusionan formando una capa vítrea continua. Los hornos de leña medievales alcanzaban estos rangos con un control cuidadoso del tiro.
El esmalte crea una barrera impermeable que evita que el vino se filtre a través de la arcilla porosa. Además, protege el líquido de la contaminación con sales minerales del barro y resiste la acidez natural del vino (ácidos tartárico y acético), manteniendo su sabor y calidad durante meses o años de almacenamiento.
Los más comunes eran el óxido de cobre (para verdes y turquesas), el óxido de cobalto (azul intenso), el óxido de hierro (tonos marrones, rojizos o negros) y el óxido de manganeso (púrpura oscuro). Cada uno requería condiciones de cocción específicas para desarrollar el color deseado sin degradarse.
Se molían los minerales hasta obtener un polvo fino, se mezclaban con agua y un aglutinante (como arcilla líquida o goma vegetal), y se aplicaban sobre la pieza ya seca pero sin cocer. Los métodos incluían inmersión, vertido o pincelado. Tras el secado, la vasija se cocía en el horno, donde el esmalte se fundía y adhería a la superficie.
Un esmalte bien formulado y correctamente cocido es químicamente inerte, por lo que no altera el sabor del vino. Sin embargo, si el esmalte contiene plomo en exceso o está mal vitrificado, pueden liberarse compuestos que afecten al gusto o incluso sean tóxicos. Los alfareros medievales seleccionaban cuidadosamente los materiales para evitar estos problemas.
Historiadores, arqueólogos y ceramistas han analizado nuestro archivo técnico sobre esmaltado antiguo.
“El análisis de los óxidos de cobalto en las tinajas toscanas del siglo XIV es impecable. La comparación con recetas andalusíes aporta una perspectiva que no había visto en otras publicaciones.”
Dra. Mariana Costa
Arqueóloga especializada en cerámica medieval, Universidad de Barcelona
“La sección sobre hornos de leña y atmósfera reductora me ayudó a entender por qué ciertos esmaltes de la Provenza tienen esa textura característica. Muy riguroso.”
Jorge Alarcón
Maestro ceramista, Alfar de Muel (Zaragoza)
“Los ensayos de laboratorio sobre réplicas de esmaltes romanos son esclarecedores. La relación entre grosor del revestimiento y protección microbiológica debería enseñarse en las facultades.”
Dr. Luis Ferrer
Investigador en química de materiales, CSIC
Citado por instituciones
Frente a otras técnicas de impermeabilización, el vitrificado ofrece ventajas que la arqueología experimental confirma.
A diferencia de los selladores orgánicos (cera, resinas), el esmalte vítreo no reacciona con los ácidos del vino ni libera compuestos. Pruebas de laboratorio sobre réplicas de tinajas medievales muestran una reducción del 94 % en la migración de sales tras 30 días de contacto.
Mientras que los barnices a base de arcilla se desgastan con cada limpieza, la capa vitrificada (0,3–0,8 mm de espesor) resiste décadas de uso continuado. Los alfares toscanos del siglo XIV producían tinajas cuyo esmalte interior aún se conserva intacto en fragmentos hallados en excavaciones.
A diferencia de los esmaltes industriales modernos, la técnica medieval permitía ajustar la cocción según el tipo de vasija: atmósfera reductora para esmaltes oscuros, oxidante para tonos claros. Este conocimiento empírico, transmitido entre generaciones, garantizaba resultados repetibles sin instrumentos de medición.
Nuestro análisis se basa en la revisión de más de 40 estudios arqueométricos publicados entre 2005 y 2023, y en la colaboración con el taller de cerámica experimental de la Universidad de Siena.